Pastas de Avellana (con manteca)

Las pastas son un dulce muy rico, un buen compañero para tomar con un café, un té o cualquier bebida caliente o no, incluso sin ella. Siempre hay un momento para hacerlas, ya que son fáciles de elaborar y de hacer, además si se quiere hacer un regalo y llevar como detalle son perfectas, a todos les gustará. En mi caso, cuando las lleve a un par de grupos, quedaron encantadas, y como no, me pidieron la receta. Y como se suele decir, no eres capaz de no repetir, no puedes comer sólo una. Cuando se llevan elaboraciones con frutos secos siempre hay que decirlo por si hubiese alguna persona alérgica, es importante hacerlo.

Ingredientes: 

200 g de avellanas

200 g de azúcar

200 g de manteca de cerdo

250/300 g de harina 

3 huevos

Una pizca de canela molida

Una pizca de sal

 

En primer lugar ponemos las avellanas en el vaso de la picadora, a no ser que se encuentren ya las avellanas molidas en bolsa, pero yo no las he visto. Las molemos y reservamos. 

Tamizamos la harina.

Dejamos un poco de la harina sin poner en el bol, como unos 50 gramos, luego la pondremos si es necesario, porque dependiendo de la harina admitirá más o menos, y también va a depender de los huevos, por su tamaño. Añadimos la canela y la sal.

Ponemos los huevos. Mezclamos bien.

Añadimos el azúcar y las avellanas molidas. Removemos mezclando todo bien.

Añadimos la manteca, que estará en punto pomada, muy blanda, y mezclamos bien hasta que esté todo incorporado. Si vemos que necesita más harina es cuando vamos añadiendo poco a poco.

La masa estará en su punto justo en el momento en que ya no se pegue a los dedos.

Dejamos reposar la masa tapada durante 30 minutos para que el gluten de la harina se relaje, también comprobaréis que ya la masa no tiene ese brillo de la grasa. La ponemos sobre la encimera, a la que habremos puesto harina para que no se pegue. Extendemos la masa con un rodillo, pero es tan manejable que con las palmas de las manos es suficiente. Dejarla del mismo grosor por todas partes. 

Vamos cortando con un cortapastas, que pueden ser de diferentes formas, pero si no se tiene con el borde de un vaso pequeño vale.

Las vamos colocando en una fuente de horno, es conveniente poner papel de horno para que luego se despeguen fácilmente. Se puede observar que el papel está arrugado, lo hago así porque se adapta mejor a la fuente, también se puede utilizar papel de aluminio poniendo la parte que brilla hacia arriba, aunque yo prefiero la otra opción. Se colocan un poco separadas, pero no mucho. 

La masa sobrante se vuelve a unir y se cortan más pastas, y así hasta que no quede nada de masa. Una vez colocadas en las bandejas se meten en el frigorífico para que la masa se enfríe mientras se calienta el horno.

Encendemos el horno a 180ºC, y dejamos que se horneen durante 25 a 30 minutos, hasta que se doren ligeramente. En cuanto la base esté dorada se sacan.

Gracias al papel de horno se despegan con mucha facilidad, casi solas. Una vez frías les ponemos azúcar glas por encima con ayuda de un colador.

Las tenemos listas para comer. Se pueden guardar en una lata que cierre herméticamente para que se conserven por más tiempo.

Si son para llevar de regalo mejor en una caja de cartón especial para los dulces, como las de las pastelerías. También se pueden presentar en una bandeja, como se puede ver en la foto superior, la primera.

 

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