La receta la tengo hecha desde hace tiempo, la tenía publicada en Chefuri. Este guiso lleva su tiempo, no solo porque la gallina necesita más cocción, sino porque el plato lo requiere, tiene que quedar la carne tierna y el caldo un poquito espeso, o trabado como diría mi madre. La verdad es que es un plato de los de antes, que te gustan porque te rechupeteas los dedos y pringas en la salsa más de lo que quisieras, y que es pecado, pero “para un día”, como decía mi suegro, pues nada a disfrutarlo.

Ingredientes
750 g de gallina troceada (yo utilicé los cuartos traseros, me gustan más)
1 cebolla
Vino blanco
Harina
Aceite
Almendras
Piñones
Sal
Laurel
Azafrán en hebra
Pimienta negra
Perejil
Ajo
Se me pasó poner en la foto dos ingredientes, el laurel y el azafrán.

Pasamos por harina la gallina, como veis utilizo una bolsa para ello, así es más cómodo y no manchamos nada, además de que se emplea solamente la harina que necesita.

Freímos la gallina por tandas, la doramos y la vamos pasando a una cacerola. Esta manita es la de mi mamá que estaba conmigo y además de ayudarme con las fotos se prestó como ayudante, es una campeona, de esto hace ya bastante, ahora va a hacer 102 años en este 2026.

Picamos y sofreímos la cebolla en el mismo aceite donde se ha frito la gallina. Cuando esté casi hecha le añadimos la cucharada de piñones y dejamos que se doren un minuto o dos.

Volcamos la cebolla a la cazuela, bien escurrido del aceite.

Majamos en el mortero el azafrán, la cucharada de almendras, un diente de ajo, perejil y la pimienta negra con un poco de sal gruesa. Una vez esté bien majado todo lo añadimos a la cacerola.

Echamos en la cacerola el medio vasito de vino blanco. Cubrimos de agua y añadimos dos hojitas de laurel. Dejamos cocer hasta que la gallina esté tierna. Probar de sal por si es necesario poner algo más.

Servimos la gallina adornando el plato con una ramita de perejil, o perejil picado o con unas patatas fritas.









